Ser mujer y mamá es una hazaña compleja hoy en día. Saber cuidar en un mundo donde todo es desechable y prescindible, se esta convirtiendo en un acto de rebeldía y humanidad. De rebeldía porque el modelo tiene una diseño donde el hacer y el resultado es lo que se pide al cien por ciento en esta cultura occidental y la humanidad que nos conecta con el cuidado de las crías a través de la intuición es un lugar extraño, difuso porque cada vez tenemos menos tribu que nos enseñen a cuidarnos los unos a los otros, desde los más grandes a los más chicos y a nuestros ancianos.
El cuidado y la ternura parecen palabras ajenas, etéreas y sin una forma definida, y cada vez nos cuesta más tocarnos, saludarnos con un abrazo apretado que exprese el cuanto nos importamos unos a otros.
Y es en ese mundo donde las mujeres hoy tenemos que saber cuidar a las niñas y los niños que llegan, donde eso que pareciera ser tan sencillamente humano y mamífero se convierte en lo más difícil porque tampoco lo recibimos, entonces esa experiencia está fuera de nuestro cuerpo por ende no tiene manera de ser expresado como una emoción sana, generosa, de entrega por el que es más vulnerable que nosotros.
A toda esta atrofia de nuestra propia naturaleza humana, tenemos que sumarle una aún mayor, la de la Diosa, o la ausencia de la figura de la Madre Universal, la Matriz Cósmica que las religiones monoteísta se han encargado de adormecer hasta dejarnos como arquetipo único a la madre virgen que ya es una dicotomía en sí misma para las que parimos a través del cuerpo con dolor y en una tremenda incomprensión del proceso donde por sobre todo nos sentimos solas, cuestionadas y tratadas entre paredes blancas, grande s y frías.
Por eso hoy la maternidad se hace más difícil que nunca, sostener un endurecimiento antiguo, traspasado de un linaje a otro dificulta ese fluido calido, amoroso y nutricio que necesita esta nueva humanidad, entender que somos cuerpo, piel, tacto, calor, humedad, saber, auto cuidarnos, escuchar nuestros ciclos, nuestros ritmos que son estacionales y que en nosotras aloja la vida y la muerte, igual que el invierno y la primavera, que así como amamos cuidar, también queremos y necesitamos ser sostenidas, cuidadas, abrazadas y morir a ratos para volver a renacer en otro espacio de madurez y conciencia, que hacerlo lentamente al calor del fuego y la oscuridad para calentar nuevamente nuestras aguas, para poder seguir sosteniendo la vida en la Tierra, y que la Madre en el cielo, esa consciencia femenina universal, sigue ahí, pendiente de nosotras, sosteniendo la Unidad tanto arriba, como abajo que es lo que somos en completitud.
Feliz día de la Madre a todas las mujeres que se cuidan y cuidan a toda la vida tanto en la Tierra como en el Cielo.